Por Celeste Díaz
Pomalca, conocida como “La Tierra del Azúcar”, fue una de las haciendas más grandes y poderosas del Perú. Sus dueños, la familia De La Piedra, llegaron a ser famosos hacendados y también, como no, protagonistas de increíbles historias.
Vestido siempre con sacos muy elegantes y botas de cuero, a Don Pedro De La Piedra parecía no faltarle nada. Tenía tez blanca y un mirar profundo de color café. Su estatura estremecía a todos sus trabajadores. Tenia como esposa a una mujer joven de nombre Maria; cara fina, esbelta figura y de un gusto constante por el tejido
Con los ojos pegados en sus labores, María acostumbraba pasar las tardes en las afueras del patio, rodeada de hermosos frutales y un colorido jardín.
Sofía y Rafael completaban el clan.
A pesar de tenerlo todo: belleza, salud prosperidad, buena posición económica, y el 80% de tierras de cultivo de Lambayeque; no eran una familia feliz. Durante mucho tiempo sólo se habían dedicado a los negocios, se olvidaron del amor y la unión entre ellos.
Una tarde llegó a vivir a la hacienda una nueva familia que se encargaría del servicio doméstico.
Así con el pasar de los años cada quien fue encontrando su propio destino, Rafael, el hijo mayor, aprovechaba su fantástica figura para enamorar a las chicas mientras hacía méritos para convertirse en el próximo administrador de la hacienda.
Sofía por su parte, era se había convertido en la niña consentida de su padre, estudió en los mejores colegios y logró una educación refinada, pero no pudo luchar contra el encanto de José Carlos, el hijo de los peones de su casa y sin más remedio se enamoró del joven guapo.
Juntos vivieron un fantástico amor a prueba de balas. A pesar de ser tormentoso, su romance estaba lleno de pasión y de ilusión. Como sus familias se negarían al idilio, ellos decidieron seguir juntos hasta buscar el momento apropiado para comunicar su relación, sin embargo fueron descubiertos por otro trabajador, el capataz de la hacienda.
Sofía y José estaban como de costumbre besándose en una puerta de las caballerizas cuando irrumpió el capataz. Por más que Sofía rogaba y lloraba para que no comentara nada de lo visto, aquél salió de las caballerizas con dirección al estudio y le comento lo ocurrido a Don Pedro quien llenó de ira y mandó a llamar a José Carlos para pegarle.
Tomó el látigo de los caballos y descargó dejándolo medio moribundo.
No contento con su actuación Don Pedro botó a la familia de José Carlos a la calle y en venganza por deshonrar a su hija les prohibió regresar a Pomalca.
Sofía no volvió a ser la misma. Alimentó de resentimiento su corazón y decidió pasar el resto de su vida encerrada en su cuarto. No podía comprender porqué su padre la alejó del amor de su vida.
La madre también fue prohibida de acercarse a la habitación de Sofía. A pesar de todo, ella la acompañaba en su sufrimiento. Habló mil veces con su esposo para que busquen al joven y le permita casarse con su hija, pero no quiso.
Una noche Sofía muy apenada por lo que pasaba tomo una decisión muy apresurada…. acabar con su vida, sentía que no tenia por quien vivir. El amor había muerto, sólo había que hacerlo oficial.
A la hora de bañarse cogió unas tijeras y se cortó las venas. Como todo suicida dejó una carta que decía “a pesar de estar separados nos une un solo corazón… te amo José Carlos, en donde quiera que me encuentre te estaré guiando y cuidando…” .
Minutos más tarde Don Pedro lloraba el cadáver tirado en la bañera de su hija. La pérdida cambió en 24 horas el rumbo de la familia.
Para olvidarse de todo los De la Piedra alistaron sus prendas, tomaron una maleta y abandonaron la hacienda para iniciar una nueva vida en el extranjero. En los alrededores la historia se mantiene tan viva como una leyenda.
viernes, 20 de junio de 2008
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