Por Lorella Otiniano Castillo
(Texto narrativo)
Se aproximaba la fiesta de promoción y como siempre se acostumbra, todos debían buscar una pareja con quien bailar el vals. Entre tantos ansiosos se encontraba Tamara, una chica tímida y poco sociable.
Una semana antes de la gala, cuando Tamara se encontraba en el aula preocupada porque no encontraba quien que la acompañe, decidió ocultar su timidez y pedir a sus “amigas” que le consiguieran una pareja. Ellas decidieron ayudarla pero escondieron una risa y se burlaron ante el pedido.
Al día siguiente le mostraron fotos de tres chicos. El primero se llamaba Víctor un chico cuyo aspecto dejaba mucho que desear, usaba una bermuda que llegaba hasta las rodillas, polos anchos, gorra y unas cadenas en el cuello. El segundo era Alejandro, chico apuesto que irradiaba dulzura y paz, ya no era necesario ver al otro, ni pensarlo dos veces, ella se decidió por Alejandro.
El día sábado tuvieron una cita, la cual serviría para conocerse y fijar la hora en la que iba a ir a recogerla.
Llegó el día esperado. La jovencita se arregló desde temprano, fue a la peluquería donde también la maquillaron. Quedó hecha una princesa, usaba un vestido melón con unas blondas que alegraban su esbelta figura, ella lucía muy feliz.
A las 9 de la noche, el apuesto jovencito llegó a su casa, llevaba una cajita y dentro de ella, una orquídea que combinaba con el vestido de Tamara, se saludaron y Alejandro le colocó la flor, mientras le decía que estaba preciosa.
Fueron a la fiesta donde pasaron una noche agradable, bailaron cada pieza musical y disfrutaron juntos ese día.
Ya a las 4 de la mañana ella debía marcharse, pero se puso muy triste pues pensaba que no volvería a ver a su agradable acompañante. Grande fue su sorpresa cuando él le propuso que fuera su pareja de promoción también. Ella se sentía como en las nubes no podía dejar de sonreír, al instante dijo que sí, que le encantaría.
Intercambiaron números e-mail. Aquél día no podía ser mas especial.
De noche, ya en su casa, la dulce Tamara no dejaba de pensar en Alejandro, en la belleza de su rostro, en esos enormes ojos verdes.
Pasaron los días ellos entre uno y otro chat hasta que llegó nuevamente la fiesta de promoción.
Ya en la fiesta bailando una salsa sucedió algo inesperado, él la tomó de la mano y sacando una rosa de su camisa, le pidió que fuera su enamorada.
-“En el poco tiempo que te conozco me he enamorado de tu sencillez, su sonrisa y su manera que tienes de ver las cosas”, dijo Alejandro.
Ella no esperaba esto pues tenían solo cuatro días de haberse conocido, pero aun así aceptó.
Él la abrazó con mucha fuerza y tomándola del rostro la besó. Era la primera vez que Tamara experimentaba esa sensación. Su corazón latía tan rápido que parecía que iba a salirse del pecho…fue algo mágico.
Al día siguiente Tamara despertó sintiendo que ya no era la misma chica solitaria de siempre, ahora tenia alguien con quien compartir sus anécdotas, alegrías y tristezas y eso la hacia muy feliz. Pero siempre había un problema, sus padres. Estaba cien por ciento segura que no dejarían que su pequeña tuviera enamorado, por esto decidió ocultarles la relación.
Se veía con Alejandro a escondidas, pedía a sus amigas que la sacaran de casa con alguna excusa, así no le faltaba compañía para ir a misa juntos, a la playa, la parque. Hasta había sido presentada a sus padres de Alejandro, su madre la invitaba a comer casi todos los días, y sus hermanas le tenían mucho cariño. Cuando menos pensaba, Tamara había vivido el mejor verano de su vida.
Ya en
Alejandro se quejaba de no poder abrazarla y llevarla de la mano por las calles, ya que Tamara temía que alguien los viera y le contara a sus padres.
Él también se descuidó en los estudios al punto de desaprobar el ciclo. Empezó a notársele celoso porque ahora Tamara estaba rodeada de más chicos. Cuando la recogía no dejaba que nadie hablara con ella. Tamara reaccionaba molesta por la actitud, mas cuando le reclamaba, él respondía que no desconfiaba de ella, sino de los amigos.
El siempre la llevaba de regreso a casa y la esperaba fuera del salón, ya no podía conversar con nadie, ni ir a pasear con sus amigas, de pronto todo se volvió rutina nada era lo mismo para ella el maravilloso chico que ella conoció había cambiado completamente, siempre la gritaba y la hacia quedar mal frente a sus amigos.
Un día Tamara fue a pasear con sus amigas, pues había salido temprano de clases, llamó a su enamorado para avisarle que no se encontraba en la universidad y que no deseaba que la fuera a recoger pues ella iría con una amiga por su casa, le dijo el lugar donde se encontraba y a los 20 minutos Alejandro ya estaba allá, parecía un loco, la jaló y la empezó a gritar para que fueran a su casa, ella no entendía porque el reaccionaba así, tenia la mirada ida y los ojos rojos, ya no era la misma mirada que irradiaba paz, ella estaba asustada y no quería ir con él, pero la fuerza del hombre siempre es superior a la de una mujer, y casi a arrastras la subió a una moto. Ella lloraba desesperaba y le suplicaba la dejara ir, él la insultaba y usaba palabras soeces con tal de callarla y que dejara de gritar.
Llegaron a casa de Alejandro y sus hermanas abrieron la puerta, al verla llorando preguntaron que sucedía, Alejandro dijo que no se metieran y la llevó a su cuarto, para mala suerte la madre de él no se encontraba en casa, ella lo golpeaba para que la deje irse, pero el la jalaba de los pelos y le tiraba puñetes en la barriga. Ella desconcertada no podía comprender que le sucedía porque reaccionaba así, lo miraba tratando de buscar respuestas, hasta que él le mencionó que se había drogado, y que su vida era una porquería, que la quería mucho, pero que ella no se portaba bien con él y que se había enfurecido al enterarse que se había ido a pasear sin su permiso. La madre ingresa a la habitación y Tamara desesperada corre a sus brazos, la madre protegiéndola con su cuerpo la deja ir.
Eran casi las 11 de la noche, ya no habían carros por esa zona y todo estaba oscuro, tomó un taxi con mucho miedo y con su bufanda trataba de taparse las marcas y moretones que Alejandro le había propinado con las jaloneadas y golpes que le dio. Llegó a su casa y vio las luces prendidas no sabia que decir en su casa, tocó la puerta asustada, sus padres corrieron a abrazarla diciéndole que pensaban que algo malo le había sucedido, ella mintió al decirles que había estado en casa de una amiga haciendo un trabajo , pero su madre no lo creyó.
Una vez que el padre se fue a acostar, la madre fue al cuarto de Tamara y le pidió que por favor le cuente lo sucedido la joven empezó a llorar y abrazándola muy fuertemente, le contó lo sucedido, su madre la disculpó por todas las mentiras que ella dijo y le dio su confianza para que ahora en adelante esto no volviera a suceder.
Esa misma noche Tamara empezó a recibir mensajes amenazadores diciendo que no contara nada, pues si lo hacia algo malo le sucedería, Tamara ahora con mas confianza le enseñó los mensajes a su madre. Fueron a denunciarlo a la comisaría, en la universidad Alejandro tiene prohibido el ingreso y ella no sale nunca sola a ninguna parte. Ahora trata de llevar una vida normal aunque siempre recordará a su terrible primer amor.

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