Por: Yarita Camacho Aguilar(Texto argumentativo)
En la actualidad, la pelea de gallos sigue siendo un espectáculo popular. Apuestas clandestinas, sangre, maltrato animal y todo tipo de espectador, desde niños hasta personas mayores, forma parte del ruedo.
Los indefensos animales están expuestos a diferentes maltratos por parte de sus dueños y oponentes. Victoriosos y o no, son víctimas del martirio y presas fáciles de la muerte. Esto es una costumbre cruel con la que vibra el espectador.
Pero más inescrupuloso que el espectador es el dueño, a quien no le importa como salgan sus animales después de la pelea. Lo único que esperan es que estos venzan a sus oponentes, para así llenarse los bolsillos de dinero.
En otros casos, no sólo los obligan a pelear por dinero, también lo hacen por diversión, por jugar o para pasara el tiempo, sin medir las consecuencias. Que culpa tienen estos indefensos animales para que sean utilizados como objetos o juguetes. A quien le gustaría ser manipulado y obligado realizar actos que los maltraten, hasta incluso, acabar con su vida. A nadie. Estos animales non se pueden defender, por eso abusan, sin impórtales nada.
Presentar a estos pobres animales en “reñideros” para ver como sus adversarios clavan su pico y las espuelas en su cuerpo hasta que caigan moribundos, eso es ser un verdugo, es no poseer sensibilidad. Acaso no tiene corazón.
El simple hecho que las peleas de gallos les parezcan una costumbre o una tradición, no inculca que muevan intereses económicos, que apasione ver a los espectadores la sangre. No puedo entender, como todo esto se ha convertido en una ambición enfermiza. Los animales son seres vivos, igual que nosotros. Alzo mi voz de protesta frente a esas costumbres fatales, salvajes, primitivas, y apuesto más bien por una sanción justa a quienes se ensañan en vivir a costa del sufrimiento. Que la ley ampare a estos animales ¡Por Dios!

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